Pasar una noche en la cima tiene algo difícil de explicar.
Ver cómo las nubes cambian de forma y se deslizan lentamente por los valles.
Contemplar los últimos colores del atardecer mientras la montaña se queda en silencio.
Dormir bajo las estrellas y despertar con los primeros tonos del amanecer pintando el horizonte.
Y cuando llega la luz, observar a las aves planeando sobre las corrientes de aire, como si el día comenzara sin esfuerzo.
Momentos que no necesitan prisa. Solo estar allí y dejar que sucedan.

3 comentaris
Como siempre, bonitas reflexiones Charly!
Como siempre, muchas gracias Rosa!
Difícil expressar millor aquesta meravellosa sensació que és viure sense presa, ser espectador i protagonista a l’hora…Gràcies, Charly!