A veces llegamos a un lugar que queremos fotografiar y lo primero que pensamos es: «Hay demasiada gente».
Esperamos. Buscamos otro momento. O, simplemente, dejamos la cámara en la mochila.
Pero ¿y si en lugar de intentar eliminar aquello que nos molesta, aprendemos a utilizarlo?
En esta fotografía partía de un lugar emblemático de Barcelona y de un día nublado, con bastante movimiento de personas. En lugar de esperar a que el espacio quedara vacío, hice justo lo contrario: aproveché la poca luz para reducir la velocidad de exposición y dejar que el movimiento de las personas se transformara en trazos y formas difusas.
El lugar permanece definido, reconocible y quieto. Las personas, en cambio, pasan.
El resultado es una imagen en la que el espacio parece detenido mientras la ciudad sigue moviéndose a su alrededor.
Esta pequeña infografía muestra el proceso y, sobre todo, una idea que me parece interesante en fotografía: No siempre tenemos que esperar a que desaparezca aquello que creemos que sobra. A veces podemos convertirlo en parte de la imagen.
Porque fotografiar también consiste en eso: mirar lo que tenemos delante y preguntarnos qué posibilidades esconde.
